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miércoles, 6 de marzo de 2013

La encíclica no escrita del Papa Benedicto XVI

Se dice: "El Papa estaba escribiendo una encíclica sobre la fe, pero ya no la tendremos". No es verdad. La encíclica sobre la fe la ha escrito:está en esta sufrida decisión de apartarse de los ojos del mundo, para ponerse bajo una mirada que cuenta infinitamente más. Es una encíclica silenciosa, pero no menos eficaz.

El Papa ha dicho que ha escuchado a su conciencia. Pero para escuchar la conciencia es necesario despojarse de sí mismo, de la ideología de hacer y aparentar. ¿Quién iba a pensar que el teólogo Ratzinger, el profesor Ratzinger, nos dejaría como última lección, un mensaje semejante? El final de su propio magisterio, no en el triunfo, sino la ocultación. ¡Esto no es bajar de la cruz! "En aquel momento atraeré a todos hacia mí". Y él se está dejando atraer.
Él está rezando por su sucesor, al cual ha declarado su plena fidelidad y obediencia. Junto a nuestro querido Benedicto XVI, rezamos con fe y esperanza por el cónclave para que los cardinales escuchen la voz interior del Espíritu Santo para elegir el sucesor de San Pedro. 

4 comentarios:

PATRICIA PALLERES dijo...

Qué bella entrada!!
Benedicto XVI es un gran hombre, un santo dotado una enorme humildad propia de los seres que viven solo para Dios y no para el mundo!!!

Les dejo mis saludos!!!
Gracias!!!

Anónimo dijo...

Me parece que nosotros los creyentes debemos pedir de verdad al espiritu santo para que ilumine las mentes de los cardenales en el conclave que empieza este martes y los lleve a votar por el bien del mundo entero. Que la Virgen Maria les ayude con su poderosa intercesion. - Nona

Anónimo dijo...

Benedicto XVI nos ha dado un ejemplo de humildad, tan importante para el mundo actual. Cada uno aportó un buen ejemplo, seguramente el que más necesitaba el mundo. – Ma. Betilda

o blog de xesús lópez dijo...

Me encanta esta entrada en la que analizas la entrega de Benedicto XVI, el camino por él seguido para encontrarse de modo vital con su conciencia y encerrarse en la oración.
Gracias. Y un cordial saludo,
Xesús.