
Participando del Concilio Vaticano II, Alberione vio concretados sus sueños al aprobarse el documento “Inter mirifica”, que compromete a toda la Iglesia a “predicar” con los nuevos medios de comunicación en la cultura de la comunicación.
Alberione, en todas sus obras, estuvo animado por un profundo amor a la Eucaristía. Tanto es así, que él tuvo su primera inspiración en una noche de adoración Eucarística. Su vida de entrega incansable al servicio de la Iglesia tenía una meta: llegar a la gente con un mensaje no tan solo religioso, sino penetrar todo el pensamiento y el saber humano con el evangelio. Por ese decía: “Hoy no basta el púlpito, se necesitan todos los medios. En pocos años se ha transformado el mundo y nosotros, para caminar con él, debemos ponernos al día”. Se hace necesario “el cine, la radio, la prensa, la televisión y todo lo que sirva para comunicar el pensamiento”.
Su figura pequeña y frágil no se dio tregua en su entrega por la construcción de la Iglesia y de una sociedad más humana y cristiana, vislumbrando la aurora de una nueva era en los medios de comunicación social.
El Padre Santiago Alberione fu proclamado beato por el Papa Juan Pablo II el 27 abril del 2003.