Inspirado en las cartas a su discípulo Timoteo
Pablo,
Apóstol de Cristo Jesús, por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo
Jesús, nuestra esperanza, a los jóvenes, mis amigos. Os deseo gracia, misericordia
y paz de Dios y de Cristo Jesús, nuestro Señor.
Al partir en uno de mis tantos viajes, he decidido escribiros estas líneas. Día
y noche os recuerdo en mis oraciones, siento un gran deseo de veros y llenarme
de alegría.
Dedicaros a buscar a Dios en la Palabra, a predicar la Buena Noticia y a
enseñar lo que vais aprendiendo, en vuestras parroquias, en vuestros movimientos,
familias, amigos.
Dios, por medio de Jesús, nos salvó y
nos llama a ser santos. Tratad de ser modelo de los creyentes, por vuestra manera
de hablar, vuestra conducta y caridad, vuestra fe y pureza de vida.
No
os avergoncéis del testimonio que tenéis que dar de nuestro Señor, luchad por el Evangelio, sostenidos por la
fuerza de Dios.
¡¡¡El mundo os necesita!!!
Cristo os llama a ser sus discípulos y misioneros, en los lugares en donde estáis:
con vuestras familias, en la facultad, en el colegio, en el trabajo, entre vuestros
amigos. Entregaos al Resucitado y remad mar
adentro.
La gracia del Señor esté con vosotros!
Con
amor,
Pablo